CELOS: síntomas y tratamiento visto desde un caso real

Lic. Matías Seitune

11/26/20255 min read

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Logré recordar un caso complejo de una mujer que sufría de celos de parte de su pareja que había conocido pocas semana después de separarse de su ex pareja de varios años. Ella decía que era de “duelos cortos.” Rápidamente ingresó en un vínculo y aparecieron algunos síntomas de celos. Para preservar la identidad de mi paciente, le cambiaré el nombre y algunos datos del relato. Jorgelina repetía muy seguido en sesión con una frase que parecía un resumen de su malestar: “Yo no soy celosa, pero necesito saberlo todo de él.” No lo decía con orgullo, pero tampoco con culpa. Lo decía cansada. Llegaba a situaciones extremas de estar muy pendiente de los horarios de su pareja, de los mensajes, de si estaba en línea o no. Cada silencio del otro era un ruido en su cabeza. Y cada intento por calmarse, una nueva oleada de duda.

¿Qué son los celos?

Los celos no son solo una emoción: son la reacción de una persona ante la amenaza de seguridad interna, personal. Aparecen cuando el otro — en este caso, la persona amada, pero puede aparecer en distintos tipos de vínculos— se vuelve un territorio lleno de incertidumbre y desconfianza. Cuando ya no sé si sigo siendo elegida, deseada o como decía mi paciente: “ya no me mira como al principio”. Desde el psicoanálisis, los celos no son una simple falta de confianza o miedo a que el otro me engañe, sino una herida narcisista o en el “ego” que las personas arrastran y se reviven cada vez que les despierta inseguridad algo que hace o deja de hacer el otro, en este caso, una pareja. Por eso duelen tanto. no solo temo perder a quien amo, sino perder quién soy cuando el otro deja de amarme. En el caso de Jorgelina, no sufría por lo que su pareja hacía, sino por lo que su propia mente le hacía sentir cuando él se volvía impreciso o le costaba interpretarlo.


Los síntomas

En la clínica he llegado a ver distintos tipos de celos, dependiendo el nivel de gravedad. Estos tambien se acentuan si del otro lado, hay una persona que esta queriendo fomentar y aumentar los niveles de tenison en la pareja, generando adrede los celos. Por eso es muy necesario, estar acompañado de un espacio terapéutico para estar atento a si los celos son generados por el otro o hay un condimento personal que agrava la situación. Pero los celos pueden manifestarse de muchas formas. A veces son visibles, otras se disfrazan de curiosidad o “atención al detalle”. En el caso de Jorgelina, aparecían como:

  • La necesidad de revisar constantemente el celular o las redes del otro.

  • La sensación de que algo no encaja, aunque no haya pruebas concretas.

  • La dificultad para relajarse cuando el otro no está presente.

  • El impulso de buscar la opinión de amigos o conocidos sobre la relación.

  • El cansancio emocional por la vigilancia constante.

  • Necesidades severas de querer saber en donde estaba su pareja

  • Dificultades para que el otro tenga espacios individuales

Cada uno de estos gestos era un intento de recuperar control: como si controlar al otro fuera una manera de volver a sentirse entera. Pero el control nunca la calmaba porque siempre algo se le escapaba de las manos. Entonces los síntomas físicos arrancaban. Principalmente palpitaciones, sudoraciones, mareos, dolor de panza, sensaciones de agotamiento, entre otros. Es decir, la calma duraba minutos, pero la duda volvía, cada vez más fuerte.


INCERTIDUMBRE: El miedo que se esconde detrás del control

El espacio terapéutico semanal, al principio fue de 2 veces por semana, ayudo a Jorgelina a ver que lo que la angustiaba no era su pareja, sino la incertidumbre: la imposibilidad de saber, de asegurarse, de predecir. Esperar un mensaje, no entender una reacción, dejar al otro ser libre sin sentir que se alejaba. Todo eso le generaba una sensación de vacío. Le costaba confiar, no porque el otro le mintiera,
sino porque
ya no confiaba en su propio criterio. El otro —al no responder, al mostrarse distante— desautorizaba su percepción, y entonces ella buscaba afuera lo que había perdido adentro: la certeza de creer en sí misma.

Hemos llegado a tener entrevistas con su pareja, para poder ir chequeando y corroborando algunas ideas que dentro del vinculo quedaban estancadas. Era muy importante para ella que haya un tercero regulando la conversación porque desde su perspectiva, sentía que podía llegar a “perder la cabeza”.

¿Por qué los celos se vuelven un problema?

Cuando el control y la desconfianza se mezclan, el vínculo deja de ser un espacio de encuentro y se convierte en una zona de comprobación. Cada gesto del otro se lee como prueba o amenaza. Y el yo, agotado, se llena de preguntas sin respuesta:

“¿Estoy exagerando?”
“¿Y si en realidad me miente?”
“¿Cómo sé qué es real?”

Los celos, en ese punto, ya no hablan del otro: hablan de la fragilidad con la que una persona sostiene su propia imagen. El amor deja de ser intercambio y se vuelve espejo de su mal estar. Y cuando el espejo del otro devuelve algo que en ella no tiene respuesta, aparece la caída. Explico esto con algo que le había sucedido. Una noche, Jorgelina le escribió a su pareja y no recibió respuesta. Nada grave, solo un mensaje leído y sin contestar. Eran las once y media, y él solía dormirse temprano. Pero en su cabeza, la escena empezó a tomar forma: “¿Estará con alguien?” “¿Y si me está mintiendo?” “Seguro vio el mensaje y eligió no contestar.” En este punto, el problema de un problema de comunicación con él, despierta el conflicto interno de preguntas en donde su autoestima queda debilitada. No tiene forma de sentirse bien, si ella misma en sus preguntas siente que no vale una respuesta del otro lado. Si cree que del otro, cuando no contesta refleja que ella no es elegida o digna de un mensaje. Rápidamente, estas situaciones, como tantas, volvían a ubicarse en el banquillo de “no ser elegida”. Lo que había sucedido al final fue que, se había dormido por una larga jornada laboral y respondió como si nada: “Me quedé dormido, amor. Perdón”

El tratamiento

Trabajar con los celos no consiste en “dejar de sentirlos”, sino en poder pensarlos. Entender de qué hablan. Qué parte de uno se juega cada vez que aparece la desconfianza. Con Jorgelina, el trabajo no fue convencerla de que su pareja era confiable, sino acompañarla a reconstruir su confianza interna: esa que no depende de lo que el otro diga o haga, sino de poder creer en la propia mirada, en su propio sentir. Desde el psicoanálisis, el tratamiento de los celos apunta a restituir al sujeto su eje interno: que pueda volver a sostenerse sin depender de la mirada del otro. Porque el problema no es el amor, sino cuando amar se confunde con la necesidad de no desaparecer. La paciente todavía se sigue preguntando cosas, pero ahora puede esperar sin revisar, puede sentir sin comprobar, y puede amar sin perderse a sí misma. El control cedió lugar a la confianza y la desconfianza se transformó en una pregunta menos dolorosa: “¿Qué necesito de mí cuando el otro no está?”